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Posts Tagged ‘Miércoles’

Sueño despierto

Últimamente duermo trabajando. Todo es una copia, de una copia, de una copia… Si, como Tyler dice. Como Tyler piensa. Como Tyler actúa. Even the sport fuck. Soy la copia-pirata-frustrada de Mauricio. Y sin embargo, en mis sueños a veces sufro. En un momento dado, sentí como si fuera Di Caprio en Inception. Creando mi universo paralelo, queriendo caer diez niveles para que un minuto de mi sueño fueran 10 horas de mi vida real echado.

Sin embargo, ésto no me hace ni más ni menos bueno. ¿Y por qué tendría que ser así? Simplemente porque el no dormir me lleva a especulaciones paranoicas. Si, de esas donde alguien te sigue. De esas donde piensas que tus compañeros de trabajo hablan pendejadas de ti. De esas donde piensas que ya no eres el mismo de antes, que no tienes aguante, que falta ese punch de los viejos tiempos. De cuando tenías 17 y pensabas que podías tragarte al mundo de un chingadazo. De esos tiempos en los que la fé quedaba de lado cuando las ganas eran inmensas, que a pesar de todo, salías adelante. Ahora lo haces, claro, siendo un esclavo corporativo. Un mercenario. Un burócrata de privado. Otro güey, simplemente.

Eso no me hace menos malo.

Esa paranoia me lleva a pensar que si pierdo una parte mierda de mi vida, perderé algo de lo más preciado. Pondré un ejemplo: para pasar un exámen, por más jodido que un profe te caiga, le haces la barba. Vaya, los puritanos le llaman “hipocresía”. Yo le llamo conveniencia. Le llamo supervivencia. Le llamo naturaleza humana. Usar y ser usado. Y todo esto lleva a batallas internas. A pensamientos jodidos. A arrepentimientos. Al miedo mismo.

Ésto no me hace más redimido.

Y sin embargo, quiero ser mejor.

Y al último me pregunto ¿quién soy yo para juzgar? E invariablemente me respondo: un conocedor.

Cheers…

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Incoherente

Ya no más impulsivo…

Y es que me he dado cuenta que ya pienso dos veces lo que hago, y me doy cuenta cuando me quieren hacer pendejo. Sólo que luego cedo y agarro el madrazo como viene.

Impulsivo e incoherente me dijeron una vez, y yo me lo creí. Claro, una cosa es serlo y otra creérselo. Sólo compraré lo incoherente. La impulsividad (sic.) ya la he dominado un poco. Lo ardilla no, que conste. Muchas veces me privo. Me quedo viendo algo, hasta que algo (ji) o alguien me despiertan de mi pendejez. #G se queja mucho (bueno, no) de eso, al igual que #Tutter. Insisten o sólo se quedan viendo hasta que reacciono. Creo que traigo algo en el cerebro (aparte de la suciedad) que me hace comportar como Homero Simpson (“mmmmmh… Cer… veeeezaaaaa“) y que ha hecho que muchas veces pierda el camión, me pase la calle a la que iba o me pierda algún comentario.

La nada. La simplicidad del ser como soy. A veces ni el desatino de los pinches pájaros que trinan me hacen reaccionar. Y si, a veces si pienso, en el pasado. Sobre todo en el inmediato. Ése pasado que ya no quiero que me alcance, y que invariablemente a veces añoro y rechazo.

Ahora, he cambiado lo impulsivo por lo intolerante. Ya no soy tan buena onda, ya me desespero con facilidad. ¿Por qué? Porque en la Facultad me acostumbré a estar con pura gente de mi calaña: bien pinche egocentrica, mamona y chingona. Porque hasta eso si sabemos. Y no es por pinche “modestia”, es la neta. Sólo que a veces uno tiene que navegarle con bandera de pendejo para sobrevivir en el trabajo. Pero últimamente, esa bandera ya me pesa. Ya me empieza a caer gorda, porque no quiero caer en la mediocridad. Así que, cuando alguien me pregunta lo mismo dos veces, o no me lo sabe preguntar, recurro inmediatamente al sarcasmo, o me encabrono. Así de fácil.

Es eso, o me estoy volviendo amargado, cosa que dudo.

Si, lo dudo con seguridad.

Gracias por haber sido así, porque aprendí más yo.

Cheers…

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AnarCast: El PodCast del 4narqu1sta – 1

16 junio 2010 1 comentario

Y bueno, lo cumplí, he aquí mi primer experimento auditivo.

Va de sobra decir que me vale madre si no les gusta, así que pueden bombardear cuanto quieran con sus pinches comentarios.

                      

                  MILF Language

DESCARGAR: Podcast No. 1 del 16 de Junio de 2010

O SÓLO PARA ESCUCHAR: Liga a Blip.TV

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Bipolaridad Supermasiva

8 abril 2010 3 comentarios

Estos días han sido muy raros. Muy locos podría decirse, con tendencia en caer en lo maniático. No es un mundo muy desconocido para mí, de hecho, de ahí vengo.

Nada como ser un fuckin’-awesome-wannabe… Es decir, un chinguetas sabelotodo (me vale madres que no se entienda). Es como decir “el cliente tiene la razón” pero en éste caso, el cliente vale madres. El cliente es el servidor, y el servidor es el cliente, una misma entidad. Algo así como los misterios eclesiasticos, el poder de los twinkis o el misterio de Paulette.

Ok, no.

Volviendo a la mecanicidad de mi cotidianeidad, mucha gente fué presa (vayan a saber ustedes, público conocedor) de una pinche rabia mediática, encabezada claro por el pinche cambio de horario, para lo cual a mi también me dió en la madre, sobre todo porque casi no duermo. Todo es una copia, de una copia, de una copia… Como Jack en Fight Club. De hecho, llevo dos días sin dormir. Creo que cualquier momento aparecerá el Osito Bimbo para retarme a putazos y no saber en dónde caer de borracho-somnoliento.

More than one side? You’re Dr. Jekyll and Mr. Jackass!

El caso es, que me gritan y después me citan para acostarme, me acosan de la forma más lasciva sólo para llegar a un sólo propósito, y la verdad no me la doy de muy cogelón ni playboy, al contrario, soy tan simplón que me da pena entrar a una Sex Shop para oír hablar de dildos y extensores. Todos en algún momento de la vida sufrimos de bipolaridad, es más, podría decirse que todos somos bipolares. Sólo que somos muy orgullosos para aceptarlo.

Cheers…

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No tiene que ver con el amor

4 marzo 2010 1 comentario

Ya me aburrí del amor…

La esperanza es algo que se pierde conforme pasa el tiempo. A veces pasa mucho, a veces poco. Es como una gran piedra caliza, sobre la que cae lluvia ácida. Es como soñar con tu ex -a veces involuntariamente -en una situación tan común y corriente como esperar en la fila de las tortillas. O bien, si eres muy nice, en la fila del super…

O de Liverpunk

Bah, pendej@s…

– ¿Por qué no me saludas? Está bien que hayamos terminado mal, pero eso no te hace maleducado ¿o si?

*Le sonrío* – Es que si te saludo, te abrazaré y no te soltaré.

Me cansé de esperar…

Es como recibir una llamada -a veces tan estúpida e insípida -preguntando un “¿cómo estás?” sólo para dar una respuesta, igual de absurda: “bien” Implícitamente, sabes que él/ella te llama para coger. Si, ya no es “acostarse” ni mucho menos “hacer el amor” vaya, esto último daría náuseas de sólo mencionarse. Simple y llanamente coger. Diría Tyler Durden sport fuck. Sólo sudar, quemar calorías. Saciar ese ímpetu que traes dentro. Sólo eso. Solo física. Sin química.

Renuncio a ésto…

Es como contactarte con esa persona, después del rompimiento de hace mucho. La conoces, y sin embargo finges que has olvidado todo. Actuar de una manera estúpida. Como las palomas come-migas de la plaza. Parecen zombies a la hora de comer, ninguna de ellas se voltea a ver siquiera. Sólo para hacer algo tan común como acompañarse a comprar leche. Claro. Sólo acompañarse. Ir a un OXXO, coger deportivamente detrás del local, llegar de nuevo a la casa y despedirse. Eso si, sin un beso de por medio, porque esto no tiene que ver con el amor…

Cheers, I

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Morbosidad Ambulante

4 febrero 2010 1 comentario

Cuando yo era más jóven, era muy celoso.

Bueh, creo que todos tenemos algo de celosos, no nos gusta que nos pedaleen la bicicleta. Sobre todo si tu pareja en turno es de lo más “llamativo” (por decirlo de alguna manera) para las demás mentes (y miradas) morbosas por donde andas deambulando.

¿Qué te mira ese? ¿Qué le miras? ¿Lo conoces o qué? Son sólo algunas de las preguntas del típico celoso que, por lo general, tiene el típico (ji) complejo de inferioridad. Si no tienes seguridad en tí, estás jodido.

#G es una mujer muy hermosa. No desconfío de ella, al contrario. Varias veces me ha preguntado si estoy celoso. Que por qué tengo esa cara. Que por qué me pongo serio. Invariablemente le digo que no estoy celoso, porque no lo estoy, me cae. A lo largo de estos años, he comprendido que no ganas nada. Aparte, confío ciegamente en ella. Cuando traigo mi jeta (regularmente) es porque ando cansado. Porque ando medio enfadado del día. No por estar celoso. No por desconfiar de ella. Ella tiene su espacio. Ella tiene sus amistades. Ella tiene sus pretendientes…

Ah, porque eso sí, admitamos que hay güeyes que les encanta acosar a las chicas aún a sabiendas de que tienen güey. Ajá, si, yo soy el güey ¬¬’. Cuando vamos al cine, me percato (vaya que no es algo a lo que siempre esté pendiente) de las miradas morbosas de los chavos de 21 a 25 años hacia ella. No me sorprende, sé con quién ando y sé quien soy, y lo que valemos juntos. Ella es atractiva. Ella es hermosa. Y no es por estar en la baba (enamorado pues) con ella, sino porque es la verdad.

La cosa es: no ser celoso ¿para qué? Tardas más en enojarte y contentarte que vivir lo que tengas que vivir con tu pareja. Sólo la persona celosa es aquella que no tiene confianza en sí misma. Mejor, si eres así, atiéndete antes de andar con alguien, porque tus relaciones están destinadas al fracaso.

Bueh, yo digo, tampoco puedo ser tan tremendista…

Ese soy yo, y puedo estar mal… Tal vez es una terrible tragedia…

Cheers…

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Ángeles en el infierno (Parte 1)

25 noviembre 2009 Deja un comentario

Munich, 1945

El fin de la guerra está cerca. Los Aliados avanzaron a través del río Rin y la inteligencia norteamericana ubicaba a Hitler en Berlín. En su desesperación, el Führer convocó su última carta bajo la manga: La Comisión Obscura, designada por él para los asuntos con el Infierno.
– Her Führer -dijo el Comandante Hailin -Todo está listo.

En el búnker de Hitler se hallaban cerca de 5 monjes de La Comisión Obscura, ataviados con túnicas negras. Al centro, un pebetero mostraba una flama verde. Hitler entró al búnker justo al tiempo que Berlín era bombardeada por los Aliados.

– ¡Abigor! ¡Manifiestate! -gritaron al unísono los 5 monjes de La Comisión Obscura. Acto seguido, el pequeño fuego del pebetero empezó a emanar un extraño olor, parecido al azúfre, y el fuego empezó a arder intensamente. En ese momento, una sombra gigante emanó del pebetero.

– ¡¿Quién osa llamarme?! – Gritó Abigor

– ¡Tus fieles sirvientes, oh gran Abigor, necesitamos de tus servicios! Nuestro líder, el gran Führer, necesita tu apoyo para ganar la guerra ¡oh, gran señor!

– ¿Y qué obtendré a cambio?

– A cambio, el Führer gobernará bajo tu consejo, la ideología Nazi invadirá La Tierra y todo se hará como tú ordenes ¡oh, gran señor!

– ¡NO! ¡No es suficiente! ¡Quiero el alma del Führer!

Dicho ésto, una extraña flama salió de los dedos de Abigor, envolviendo a Hitler. En esos momentos, el búnker era bombardeado, y un regimiento invadía el lugar. Uno de los soldados, de orígen francés, Ludo Naveda disparó al entrar hacia el pebetero, provocando que la sombra se desintegrara al tiempo que el Führer también desaparecía. Los monjes fueron asesinados y el lugar asegurado. Nadie sabía a ciencia cierta qué fué lo que pasó. A los dos días de capturado, el comandante  Ludwig Hailin se suicidó en su celda.

Hitler tenía todo planeado. Un doble suyo fué encontrado muerto junto con Eva Braun, su esposa, la cual había sido envenenada con cianuro. Las autoridades aliadas declararon a Hitler muerto al término de la guerra en Europa.

España, 2006

– ¡Hugo! ¡Baja a comer!

Yo me encontraba haciendo un hackeo a un servidor de una estación local de radio, para poner puras obsenidades. Mi vida nunca ha sido simple. Mis padre, de orígen catalán, y mi madre, mexicana, me han creado raíces mezcladas de una realidad incierta. Viví la mitad de mi vida en México, y a los 14 vengo a una tierra extraña de verdad para mí. No tengo vida social. Todo lo que creía, lo que tenía, se quedó en México. Todo se centra en la escuela y en mi computadora. Mi única compañía es la computadora. Todo lo que necesito. También hacía ejercicio. Es una sana rutina: me levanto, corro, regreso, trago, me largo a la computadora y de ahí hasta que acabe el día. He ahí por qué mi madre se molestaba tanto para hablarme para comer.

– ¡Carajo Hugo! ¡Si no vienes, te calientas la comida!

Mi padre fué ex-militar. Conoció a mi madre en una comisión que hizo a América Latina junto con el Secretario de Defensa de España. Se enteró que tenía un hijo 13 años después de nacido. Es raro. Me siento como un bicho que no encuentra su escondite. La transición no ha sido fácil. Lo trato indiferentemente. No me causa ningún sentimiento. Todo lo que he tenido mi madre lo ha conseguido. Debo confesar que me siento más tranquilo. Mi madre por fin ha descansado después de todos éstos años de arduo trabajo.

Al siguiente día, me levanté a correr como siempre. Mi rutina empezaba a las 6:30 de la mañana para terminar a las 8. Debo admitir que me gusta correr por los barrios de Madrid, ver sus plazas, ver a la gente correr para subir al metro. Mientras yo, en mi soledad interna, disfrutaba de su inmundicia, de su desesperada vida.

La sangre fluye como una cascada cuando te cortan la yugular, regularmente tiende a manchar lo que esté a un radio de un metro a la redonda por la fuerza de la presión. Mi madre yacía sobre el charco que dejó su propia sangre. Mi padre no había corrido mejor suerte: su cabeza había desaparecido así como su corazón. Después de eso, la obscuridad.

Al despertar, me encontraba en la comisaría de policía del centro. Extrañamente, sólo estaba yo en el cuarto. Nadie. A la media hora de haberme despertado, entró un hombre robusto, de unos cuarenta, detective al parecer. Y se sentó a un lado mío. Cargaba un café en su mano derecha y en la izquierda un expediente.

– Con que tú asesinaste a tus padres ¿no?

La afirmación me dejó helado. ¿Asesino yo?¡Piensa! ¿Qué hiciste? Por un momento dudé de mis actos. Sólo atiné a reflexionar sobre lo que dijo el policía. No contesté.

– Bueno chaval, parece que aquí tenemos lo suficiente como para dejarte de por vida en la cárcel. A menos, claro, que tengas alguna excusa convincente para dejarte ir. Dime ¿amabas a tu madre y por eso la mataste? ¿Eh? O seguramente el viejo no te dejaba ir a las cañas ¿o me equivoco?

Seguí sin contestar. La charla comenzaba a incomodarme.

– Siendo así, no tengo nada que hacer aquí. Sigue sin contestar, cabrón, que ya cantarás. Y más te vale que lo hagas. No querrás cagarte de por vida en una prisión.

Al cerrarse la puerta, puse mi rostro hacia abajo. Comencé a llorar. A llorar desesperadamente.

Al siguiente día, los periódicos hablarían del “Asesino de El Bueno“, ya que así se llamaba la calle donde vivíamos. Mis abuelos, mis tíos, todos, me dieron la espalda. Sólo podía confirmar lo que ya sabía: estaba solo. Solo como un perro. Solo como un huérfano. De hecho eso era a partir de ahora: un huérfano. Sólo que no fué propiciado por mí. A la cuarta noche, me transladarían a la penitenciaria de Madrid.

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