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Posts Tagged ‘Lunes’

En León no sabemos perder

9 mayo 2011 2 comentarios

El sábado en la grama del Nou Camp se vivió un juego desastroso. Blas Pérez, el mejor artillero de la Liga de Ascenso, simplemente se vió peor que un novato. Su escaso repertorio influyó en la poca llegada que tuvo La Fiera y, por si fuera poco, su poca paciencia derivó en dos tarjetas amarillas que le dieron el adiós en una temporada de ensueño. Se le ganó a rivales importantes, incluso a los Xolos en temporada regular. No se vió juego, no se vió entusiasmo ni ganas de pasar a la final, a pesar de ser el mandón en la temporada regular, a pesar de que en los primeros minutos se tuvo todo para ganar, no pasó nada. León, como equipo, como afición, se desesperó.

Pero lejos del árbitro “lesionado” y el tiempo que se perdió en su milagrosa recuperación, del gol que enseguida nos clavaron, de las dos expulsiones, de las pocas e infructuosas llegadas, estamos nosotros como afición. Ésta afición que ya esta(mos) hasta la madre de no poder ver a nuestro equipo en Primera, de no ver algo claro, de estar siempre llenos de rumores a principios de la temporada donde nos prometen y nos pintan a un equipazo y a un conjunto técnico que nos llevará a la cima, y al último, nosotros mismos llenarnos de dudas y llenarnos la cabeza de que los jugadores se vendieron. Vieran qué partidazo dió el puto Chuleta con los Xolos y estoy seguro que Pérez -si migra de equipo -dará un espectacular partido en alguna final venidera. Pero es claro que con León no pasará así. Sólo los verdaderos leoneses sienten la camiseta, eso se dió y se vió el sábado. Tita es nuestro ídolo, es incuestionable su calidad y su convocatoria. Él será el primero en decidir sí sigue o no, porque siente los colores, se vió su rabia, su decepción de la oncena que él había comandado y, por alguna razón, salió confiada de que en su estadio por arte de magia saldrían vencedores.

A nivel nacional, ven a León como un negocio. Un negocio de muchos millones, donde tenemos un equipo de Primera con sueldos de Segunda, con una afición de Primera con precios de Liga Premier. En todo México, en Estados Unidos, y por qué no, en otras partes del mundo, hay seguidores de León, se venden playeras de León. Porque es un equipo grande, tan grande como América y Chivas, porque en las épocas de oro se les ganaba en grandes agarrones. Es por eso que la historia nos hace grandes, pero el sábado quedará para el futuro como una de las grandes decepciones (si, agreguenle una más) para nuestro gran equipo.

Ahora bien, lo anterior no justifica nuestra actitud en la Puerta 5. Estamos jodidos. Estamos mal. Lanzando botellas no ibamos a ganar. En León no sabemos perder, porque estábamos acostumbrados a ganar. Y lástima, porque nos rehusamos a ser perdedores, pero la cuestión es ¿de qué forma? ¿Hasta cuándo? Y sólo el tiempo dirá si valió la espera de 10 años (espero que sean 10 y no más) para poder madurar nuestro comportamiento. Por lo pronto, como leonés me siento ofendido, me siento trillado, pero sobre todo me siento decepcionado por el equipo en primer lugar, en segunda por un sector de pendejos que iban drogados o qué se yo y se les hizo fácil hacer su desmadre dentro y fuera del estadio y, en tercer lugar, por mí, por irle a un equipo que he apoyado (y lo seguiré haciendo), que me ha dado tanto de todo -tanto bueno como malo -pero que ha destruido tantas ilusiones en estos 9 años.

¡Cómo te odio, maldito amor!

Cheers…

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De lluvia, música y pasos en la cabeza

21 septiembre 2010 Deja un comentario

Hay veces en la que te vuelves esclavo de ciertas cosas. Si, muchos podrán decir que son esclavos del trabajo, del alcohol, del sexo. Yo soy esclavo de mí mismo. Si, es lo peor que le puede pasar a cualquiera: encacillarse.  No sé si así se escriba, me vale madres, no tengo tiempo para buscar en el pinche google acerca de gramática y cosas que realmente no me interesan.

Si me interesan, pero éste post es rápido. Rápido como gotas de lluvia que se estrellan contra el pavimento. No me gustaría ser una gota de lluvia, ir a toda velocidad contra el suelo, volando en mil pedacitos y quedarse ahí, inerte. El agua es inmortal, para los que no lo sepan. La materia no se crea ni se destruye, blah, blah, blah.

Hay veces en las que soy esclavo de un teléfono. Y es fascinante cuando tu eres esclavo de una persona (sentimentalmente hablando) y ésta se vuelve de repente esclava de la tecnología. Bah, exagero, tal vez la tecnología es lo que nos salve de la destrucción, de la monotonía. O tal vez sea una bella destrucción. iPad, iPhone, iPod, iPhuck… Prefiero no pensar, prefiero seguir con una extraña vida. “Amor y comunicación han venido a mí, y en éste momento me han encontrado en el teléfono. Me estabas llamando y no cazando”.

Qué sé yo…

Cheers…

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La Fábula de los Gatos Danzantes en El Valle de la Muerte (I) ®

14 septiembre 2010 Deja un comentario

“Morir es un arte”

– Sylvia Plath

Shika veía cómo su compañero estaba embarrado en el piso.  Unos momentos antes, Kato había sido aplastado por un pesado camión de volteo. Sus ojos -saltados por la presión -habían salido de su cráneo. Estaban vacíos.  Shika sólo se limitó a observar, mientras decenas de autos la esquivaban para evitar aplastarla. Los ruídos del claxón eran indiferentes a sus oídos. Ella sólo observaba, contemplaba la muerte, tal vez en espera de ver el espíritu chillón de Kato.

Pero nada sucedía. Ráfagas de viento golpeaban su rostro. De repente, algo en ella se quebró. Y empezó a maullar de una forma horrenda. Vió cómo un automóvil iba directamente hacía ella y con un movimiento ágil saltó hacía la acera. Kato seguía siendo una calca sanguinolenta sobre el pavimento. La gata sentía cómo el corazón galopaba como corcel endemoniado. Faltaba poco para que estallara.

Kato y su salto de 3 metros

Nació hace dos vidas en Japón. Sus padres fueron las mascotas preferidas de la familia Fujiwara, una de las más influyentes de la región. Desde pequeño, mostró dotes de inteligencia superior sobre los demás gatos. No era, evidentemente, un gato cualquiera. Cada 500 años nacía un elegido por cada raza. El Elegido duraría 9 vidas. La marca en su panza no era mera casualidad. Era él. Era uno de esa distinguida raza de felinos que estaba destinada a hacer un cambio.

Entre los gatos eran conocidos por Seishin, por su peculiar habilidad para hablar con los espíritus de los hombres muertos. Cuando llegó a la madurez característica de su raza, se fascinaba por la sangre que los hombres vertían al ser atravezados por una lanza en una batalla. Cara pagó su curiosidad. En una de las batallas, se vió en medio de los soldados de Tokugaway y los del clan Asakura, quienes combatían por la posesión del territorio. Ver espíritus no siempre es benévolo. Conforme iban muriendo, los caídos se iban “levantando” de sus cuerpos. Por un momento, querían correr, pero se daban cuenta que no podían tangir nada. Al voltear, veían su cuerpo inerte, y llenos de  impotencia, volteaban a cualquier lado en busca de ayuda, en busca de respuestas. Ellos podían oír, pero no ser escuchados. Podían ver, pero no ser observados. Aislados. Sólos. Ésa era la debilidad de Kato. No podía distinguir entre humanos y espíritus.

Nunca dejó de observar, siempre se mantuvo inerte en su sitio, mirando. Mientras tanto, su cuerpo era desgraciado por los miles de pies que pasaban encima de él. No sintió dolor. No sintió miedo. Simplemente quedó ahí, mirando. Como un niño fascinado por un dulce gigante. Uno de los Seishin se acercó a él.

– Es bello ¿verdad?

Kato asintió sin decir ninguna palabra.

– Cada uno tiene una misión en la vida. Tu ya haz desperdiciado una oportunidad por tu ingenuidad y holgazanería. No debiste perder tiempo ¿sabes? Ver lanzas y sangre será algo a lo que deberás acostumbrarte. Sin embargo, una vez es suficiente para darse cuenta del error y no volverlo a cometer. La segunda vez sería imperdonable. No sólo afectarías tu destino, sino de todo el círculo que depende de ti. -Añadió el gato llamado Reyko.

Kato sólo se limitó a voltear y con una mirada triste, dijo: “es suficiente, vamonos”.

Kato y Reyko se vieron de repente envueltos en una humadera negra, espesa. Kato sintió cómo se empezaba a elevar de una inusual manera.

“Esto que vives, no es realmente lo que ves. Ni los ojos, ni tu tacto, pueden apreciar lo que el mundo de los espíritus ven desde aquí. Para llegar a ver lo que aquí se aprecia, debes llegar a una inconciencia perfecta. Apagar todo, dejarte llevar. Es claro que nada aquí podrá llevarte a la felicidad. Es, sin embargo, una lucha constante entre la conciencia y la realidad. Es como un caballo desbocado, una carrera a toda velocidad. Su velocidad constante no te deja pensar. Así es la muerte. La ves tan cerca y tan lejana que poco te preocupas cómo te va a llegar. Nada pasa por tu cabeza antes de morir. Pero una cosa es segura, y es que un instante antes de que suceda, alguien ya está esperando por ti. Está predestinado.

– ¿Qué hacen ellos aquí? – preguntó Kato

– Ellos son los obreros. Verás, nuestra estructura espiritual es algo compleja, algo así como una pirámide.

– ¿Una pirámide?

– Así es. Hay jerarquías tanto en el mundo físico como en el mundo espiritual.

– ¿Y cómo es que se identifican esas jerarquías?

– Ven. – Reyko se dirigió por un pasadizo obscuro. Miles de almas gatunas obreras estaban laborando. Todas tenían el mismo signo en la panza. El mismo que él poseía. El pasadizo se hacía cada vez más estrecho. A pesar de ésto, alcanzó a salir de éste. Llegaron a un lugar lleno de luz. – Es aquí. Aquí será tu prueba. Aquí demostrarás qué lugar ocupas en la pirámide.

Miles de almas gatunas se hallaban entrenando. Más allá, se encontraba lo que parecía un precipicio donde miles de almas gatunas intentaban saltar. Sin embargo, todas caían, mientras que sus lamentos se perdían en el fondo del abismo.

– Nadie en 300 años ha podido saltar ese precipicio. Le llamamos El Vientre. No es que sea muy difícil de saltar para un gato, físicamente hablando. Sin embargo, El Vientre no permite que nadie le salte. Detecta la debilidad en los corazones de los gatos que intentan cruzarle. Los que caen, quedan varados aquí durante 100 años trabajando, para después volver a resucitar, y al morir, volver a intentarlo. Los que intentan por novena vez cruzarlo y no lo logran, están condenados a sufrir eternamente, bailando para divertir a las Almas más puras.

– ¿Almas más puras?

– Aquellas almas que siempre que intentaron cruzar El Vientre, lo lograron sin algún problema. Sobra decir que son pocas las almas de ese tipo. Ahora bien, la distancia no parece mucha, en realidad son tres metros físicos. Con suficiente vuelo, un gato podría cruzarlo sin problemas. Pero como te he dicho antes, si no tienes el suficiente ímpetu, si dudas por cualquier motivo, El Vientre te arrastrará. Así que te sugiero mucho el pensártelo dos veces, antes de saltar. Tienes todo el tiempo para hacerlo.

Kato observó aquél pozo. No tenía duda en vencer aquel obstáculo. Sin embargo, las palabras de Reyko hicieron mella en él. ¿Acaso El Vientre podría detectar esa confianza y confundirla con inseguridad? ¿Acaso El Vientre era una trampa preparada para El Elegido? Kato empezó a dudar. Empezó a pensar que tal vez lo mejor sería no hacerlo. Sin embargo, algo en él lo obligaba a hacerlo. Empezó a recordar la sangre que emanaba a borbotones por los cuerpos de los humanos que iban cayendo atravezados. El iris de sus ojos se amplió. Y empezó a correr. Corrió a pesar de ser un espíritu inexperto. Por un momento, dejó todo temor atrás. No le importó que a lo lejos, Reyko le gritaba con sumo estruendo algo que nunca entendió.

Y saltó a través de El Vientre.

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Mentiras necesarias

26 julio 2010 3 comentarios

Ya lo decía el mamón de Arjona: “una mentira que te haga feliz vale más que una verdad que te amargue la vida“.

O el momento.

Todos hemos dicho mentiras alguna vez. Todos absolutamente. ¿Por qué miente la gente? ¿Por necesidad? ¿Por enfado? ¿Porque no tiene nada más que hacer? No señor@s, se miente para conseguir lo que se quiere. Yo miento. Digo, no todo el tiempo, pero si lo hago. Tal vez por complacer, tal vez por enfado, tal vez porque siempre me preguntan una y otra vez lo mismo. Es como un Deja Vu que me persigue y me estresa cada vez que tiene oportunidad: “Con que si hijo de puta, ahora mismo te haré mío” y me folla el pensamiento y está chingue y chingue y me eleva a una pinche sensación de inmadurez inpositiva que me pone como…

No sé…

Bueno si, me pone como güey. O más objetivamente, ansioso. La ansiedad empieza a ser una parte de mí. Me dá insomnio, me dá por querer descansar y no poder. Todos quieren un pedazo de mí, y se encabronan si no lo consiguen. Es la presión diaria, minuta de un desencuentro de emociones que no logro controlar. Así como a veces la vida que pasa y pasa. Como el carro de la basura, como el perro que se rasca la cola contra el pavimento, como el pinche mosquito que no deja dormir.

Chupa-sangre…

A mí me chupan el tiempo. Bien podría decirse que los vampiros, pero no. No llegan a tal categoría. “Usted puras putonas de La Merced. Las secretarias sólo para gente con categoría” le decía Héctor Belascoarán a Gilberto Gómez-Letras. Y encima de todo, la invasión mediática. Que las ventas nocturnas. Que la euforia por estrenar. Que la cremita para las varices. Que los dedos-mágicos-vibradores para el consuelo. Y encima de todo, mi teléfono ¡AH! Cómo chingados no mencionar a mi protagonista principal: el teléfono celular. No se compara con las ganas de mear ¡No! Cada que suena el teléfono un escalofrío recorre mi espina dorsal, mi glande se ensancha y mi fundillo se contrae. Uno de mis teléfonos, el otro casi no suena. Y cuando eso sucede, ya no me molesto en ver quién llama. Otra vez el Deja Vu. Pero algo sí ha cambiado: mi tono al contestar. Me voy volviendo un pinche bot, un hijoputa, un Boogie El Aceitoso al otro lado de la línea, ya me da igual. Tengo respuestas programadas para todo. Éste bot tiene la respuesta -a veces poco amable -a todas sus preguntas, pero también éste pinche bot se sobrecarga, se enfada, se apaga.

Y es que a veces, éste pinche bot está programado en modo mantenimiento ergo modo de mentiras necesarias, porque -paradójicamente con Asimov -éste pinche bot tiene una vida, vaya, nadie le ha comprado esa vida, por ende, todavía tiene el derecho de querer contestar esas llamadas.

Un robot listo para usar y ser usado.

¿Y a dónde me guía todo ésto? No lo sé. Vaya, no es como coger con una buena mujer, ni nada por el estilo. Ni siquiera placentero es. Pero una cosa es segura, me lleve donde me lleve, quedaré de pie.

Muerto de pie.

Cheers

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Karma

6 julio 2010 2 comentarios

“Estaba a punto de resguardarse tras de una estructura de un puesto de periódicos, cuando una descarga de escopeta lo partió por la mitad. Cayó sobre un charco… Quería alcanzar algo, asir algo… Después quedó inmóvil… Un hombre se acercó, pateó su cara dos veces, subió a un auto y se fué… Sobre el cadáver de Héctor Belascoarán Shayne, siguió lloviendo”

La muerte es algo muy cercano para mí. Cercano y lejano. Es como si yo tuviera una tregua con la muerte. De hecho todos la tenemos, y en ese sentido hay muchas teorías al respecto. Todos vamos muriendo a partir de que nacemos, como diría Sylvia Plath, todos vamos en un contexto más o menos intuitivo muriendo, nuestros cuerpos van evolucionando y a la vez descomponiéndose, muriendo.

Anyway.

La cuestión es, que la muerte tiene una especie de pacto con el karma. El karma, como ya lo he dicho, es cabrón, o cabrona, no perdona. Yo tengo -en todo caso -una especie de conexión con el karma. El karma le dice a la muerte “hey, esa persona no va más en la tierra, hay que sacarla”. Si, esa o esas personas que estorban en la evolución de uno o más seres humanos, es sacada del juego. Así de radical el asunto. Incluso los pordioseros que uno vé en la calle, que tu dices “güey, no mames, qué chingados haces de la vida” tiene su función. Que no la veamos, es otra cosa.

Podríamos decir que son parásitos, que no sirven. Y podríamos decir que gente que vale mucho la pena se fué abruptamente. Todos tenemos un plan. Incluso Dios tiene un plan. Ya lo dijo Constantine: “no me molestaré en entenderlo, pero sé que Él tiene un plan”.

Yo no debería estar aquí -según yo y mis pinches locas ideas -desde los 6 años. Si, yo debería estar ya reencarnado en alguno de los Jonas Brothers o en un hijo de Michael Jackson disfrutando de su fortuna. O de una mascota de alguna celebridad. O una mosca. En 1986, ese accidente marcó algo en mí. Tal vez el karma y la muerte me observaron. Me pesaron. Me evaluaron. Y fuí digno de estar aquí. ¿Cuánto tiempo? No lo sé.

La muerte es algo muy subjetivo para mí. Me expreso con mucha frialdad acerca de ella. Me duele, si, que algún ser querido se vaya. Pero sé que -al fin y al cabo -terminaré viéndole en otra parte. Y sé que ellos estarán ahí esperando para convivir un rato. Sólo un rato. Haciendo fila para otra ocasión en que ésto se vuelva a repetir, en que formateén mi memoria, y vuelva a ser utilizado.

Cheers…

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La felicidad… Se compra…

31 mayo 2010 3 comentarios

Estás jodido…

Así me dijo la psicóloga cuando le dije que odio la pobreza y que la felicidad la hace el dinero…

Estás jodido…

La wikipedia se refiere a la felicidad como el estado de ánimo caracterizado por dotar a la personalidad de quien la posee de un enfoque del medio positivo y un estado de paz interior.

Estás jodido…

Asimismo, se refiere al odio como lo contrario del amor o la amistad.

Enough

Cuando le dije “odio la pobreza“, explícitamente me dijo que no dijera eso porque no sabía de qué estaba hablando, que nunca había pasado por algo así y que nunca podría saberlo. En pocas palabras, me quería aplicar la inverziña, o lo que es lo mismo, psicología inversa. ¿Para qué? Para que me diera coraje y decirle tooodo acerca de mi (ji) interesante vida. Nel, sólo me abro a personas que valgan la pena. No a pendej@s que creen saber todo de ti con sólo verte.

Te la pasas quejándote, me pusieron alguna vez por ahí…

El odio, según yo, es el sentimiento de aversión que generas hacia algo que ya haz conocido. La felicidad y el odio tienen eso en común: no puedes generar uno de los dos sentimientos hacia algo que no conoces. Yo conocí los dos lados de la moneda, he estado arriba y abajo, así que a mi no me vengan con chingaderas, yo no hablo si no sé, eso ya lo he aprendido porque antes, si, hablaba a lo pendejo. Ahora no, ahora soy más pinche meticuloso para hablar. Aparte de hipócrita, hijoputa, blah, blah, blah…

Ah, si, también impulsivo e incoherente…

La felicidad la dá el dinero. Si, y me vale madres quien diga lo contrario. Ahora bien, no a todos les aplica esto. Si eres un pendejo mamón o (pendeja mamona, para no discriminar) y/o crees que ya lo sabes todo con sólo mirar y no conocer a fondo a alguien (soberbi@ pues) entonces no aplica. Como yo. Si, la verdad yo soy así de que veo a alguien y si no me cae, mi YO interno dice “otro pinche pendejo“. O pendeja. Pero siempre, siempre me doy la oportunidad de conocer a la gente. Y siempre me llevo cada lección que después me doy de topes. En pocas palabras, el pendejo fuí yo.

Y si, lo admito, soy re bruto… Para muchas cosas, para otras no. Volviendo a lo otro, el dinero te dá lo que necesitas para tener ese “estado de alegría y paz”  que necesitas. Como ir a Londres a ver un concierto de Oasis… O de Beady Eye pues… Al menos los fuí a ver a Guadalajara. Y estuvo chingón. Y fuí muy feliz.

Cheers…

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Casado y con hijos…

12 abril 2010 4 comentarios

Así es como solía ser mi vida. Bueh, no digo que el matrimonio no sea para mí… Podría ser para mí, sólo que me tocó un mal matrimonio… Desgraciadamente cuando uno elige a su pareja, no se pone a pensar en motivos económico-mágico-existenciales. Si, yo te amo. Si, pasaría el resto de mi vida contigo. Si, pondremos todo a tu nombre. Si, seremos feliiiiiiceeeesss y sobrellevaremos nuestra ajetreada vida profesional against-all-odds

Bullshit

Yo pensaba que con trabajar y proveer sería suficiente, pero no. Existe ese “algo” que no les diré y que es esencial (y no es el sexo) porque soy gacho y esperaré a que ustedes lo descubran aunque sea en el ocaso de su exitosa vida marital, muajajajajajaja… Ok, no. Puedo decirles que ceder no es una de mis virtudes. Bueh, no lo era. Y no es que eso haya cambiado en mí (uno no cambia, se adapta fellas) sino que he suprimido un poco lo hijo puta que he sido, y ahora sólo soy un bastardo con mucha suerte.

A inglorius basterd, I say…

Muchas ocasiones en la vida, uno se limita a pensar en la intrincada existencia propia y no repara en pensar en la otra parte. Muchas veces piensas que la otra parte está mal, pero ¿no te haz puesto a pensar que con tu pareja haces un equipo? ¿Que si él/ella está mal, tú estás mal? A veces por aportar mucho, sientes que eres el/la dueñ@ de la situación. Si piensas así, estás pendej@ y puedo anticipar, sin lugar a dudas, que tu relación va pa’la chingada. Ahora bien, muchas veces no todo puede ser perfecto en ésta vida, sin embargo, desde que te levantas, sabes que con tu actitud puedes hacer la diferencia…

Me estoy volviendo un cabrón sentimental…

Cheers…

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