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No tengo madre

10 mayo 2011 2 comentarios

Pinche muchacho.

Así me dice mi madre.

Yo era celoso de mi madre. No quería que mi padre se le acercara. Vaya, siempre quise ser el preferido de mi madre. Ni mis hermanas. Pero, de repente en la adolescencia, algo se rompió entre ella y yo. Tal vez fué el día que le menté su madre. Si, lo hice y me arrepentí tanto del hecho. Pero ya me tenía hasta la madre.

Puras madres.

De ahí, con la ausencia de mi padre, nuestra relación se volvió más bien de compañeros, de confidentes, de amigos. Mi madre es mi mejor amiga. Tal vez por eso es que aprendí a confiar en las mujeres. Y mi peor error fué creer que todas eran como mi madre.

Las lágrimas son el teatro de las mujeres, hijo.

Eso siempre me lo repitió, nunca dejó que me sintiera mal acerca de una mujer. Somos cabronas, dice. A mis 31, sigue preocupona por mi, y yo me dejo. Bah, la verdad me desespera. Es igual de terca que yo. A lo mejor por eso soy como soy. Siempre he dicho que saqué lo hipócrita del lado paterno y lo valemadres del lado materno. No por eso es mala, al contrario, me ha hecho tener una posición indefinida ante la vida. Así como no sabes lo que te espera, así mismo el karma no sabe como llegarme.

Un completo cabrón.

Bueno, no tanto.

Yo no tengo madre, tengo una gran persona a mi lado, la persona que me dió la vida, la que da su vida por mi. Mi madre es caraja y así la quiero. Supongo que no es como en la primaria que le dedicabas palabras melosas o así. Supongo que también doy la vida por ella. Supongo que todo gira alrededor de ella. Es muy chingona como persona. La ves como una figura, más no un modelo a seguir. Te desespera. Te agobia. Te quiere. Así es la relación madre – hijo. No es descriptible. Y así está bien.

So fine.

Cheers…

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En León no sabemos perder

9 mayo 2011 2 comentarios

El sábado en la grama del Nou Camp se vivió un juego desastroso. Blas Pérez, el mejor artillero de la Liga de Ascenso, simplemente se vió peor que un novato. Su escaso repertorio influyó en la poca llegada que tuvo La Fiera y, por si fuera poco, su poca paciencia derivó en dos tarjetas amarillas que le dieron el adiós en una temporada de ensueño. Se le ganó a rivales importantes, incluso a los Xolos en temporada regular. No se vió juego, no se vió entusiasmo ni ganas de pasar a la final, a pesar de ser el mandón en la temporada regular, a pesar de que en los primeros minutos se tuvo todo para ganar, no pasó nada. León, como equipo, como afición, se desesperó.

Pero lejos del árbitro “lesionado” y el tiempo que se perdió en su milagrosa recuperación, del gol que enseguida nos clavaron, de las dos expulsiones, de las pocas e infructuosas llegadas, estamos nosotros como afición. Ésta afición que ya esta(mos) hasta la madre de no poder ver a nuestro equipo en Primera, de no ver algo claro, de estar siempre llenos de rumores a principios de la temporada donde nos prometen y nos pintan a un equipazo y a un conjunto técnico que nos llevará a la cima, y al último, nosotros mismos llenarnos de dudas y llenarnos la cabeza de que los jugadores se vendieron. Vieran qué partidazo dió el puto Chuleta con los Xolos y estoy seguro que Pérez -si migra de equipo -dará un espectacular partido en alguna final venidera. Pero es claro que con León no pasará así. Sólo los verdaderos leoneses sienten la camiseta, eso se dió y se vió el sábado. Tita es nuestro ídolo, es incuestionable su calidad y su convocatoria. Él será el primero en decidir sí sigue o no, porque siente los colores, se vió su rabia, su decepción de la oncena que él había comandado y, por alguna razón, salió confiada de que en su estadio por arte de magia saldrían vencedores.

A nivel nacional, ven a León como un negocio. Un negocio de muchos millones, donde tenemos un equipo de Primera con sueldos de Segunda, con una afición de Primera con precios de Liga Premier. En todo México, en Estados Unidos, y por qué no, en otras partes del mundo, hay seguidores de León, se venden playeras de León. Porque es un equipo grande, tan grande como América y Chivas, porque en las épocas de oro se les ganaba en grandes agarrones. Es por eso que la historia nos hace grandes, pero el sábado quedará para el futuro como una de las grandes decepciones (si, agreguenle una más) para nuestro gran equipo.

Ahora bien, lo anterior no justifica nuestra actitud en la Puerta 5. Estamos jodidos. Estamos mal. Lanzando botellas no ibamos a ganar. En León no sabemos perder, porque estábamos acostumbrados a ganar. Y lástima, porque nos rehusamos a ser perdedores, pero la cuestión es ¿de qué forma? ¿Hasta cuándo? Y sólo el tiempo dirá si valió la espera de 10 años (espero que sean 10 y no más) para poder madurar nuestro comportamiento. Por lo pronto, como leonés me siento ofendido, me siento trillado, pero sobre todo me siento decepcionado por el equipo en primer lugar, en segunda por un sector de pendejos que iban drogados o qué se yo y se les hizo fácil hacer su desmadre dentro y fuera del estadio y, en tercer lugar, por mí, por irle a un equipo que he apoyado (y lo seguiré haciendo), que me ha dado tanto de todo -tanto bueno como malo -pero que ha destruido tantas ilusiones en estos 9 años.

¡Cómo te odio, maldito amor!

Cheers…

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