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Ángeles en el infierno (Parte 4)

“Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón”

Apocalipsis, C. 16, V. 16

Te ví ahí, tendida en el suelo. Me acerqué. Tome tu mano y te grité “Despierta”. No hubo respuesta, tomé tu rostro, hermoso, nunca imaginado y una sensación extraña invadió mi cuerpo. Lentamente abrías los ojos. Un fulgor emanaba de ellos, como el amanecer de un campo llano. “Bésame” dijiste, y al tocar los labios con los míos, sentí un calor especial, ese calor que invadió todo mi ser. “Yo te cuidaré, lo prometo” dijiste.

De repente, el despertar.

Hugo había sido golpeado por uno de los demonios. El cuarto donde se hallaba no era muy grande, tal vez de dos metros cuadrados. A su lado, la forma humana de Abaddón se encontraba pelando una naranja.

– Vaya, vaya. Eres idéntico a Naveda, de éso no cabe duda.

– N-no sé de qué hablas ¿quién éres tú? ¿qué hago aquí? ¿es la penitenciaría?

Abaddón siguió en la misma posición, la naranja estaba en su última fase.

– Imagina que éste fruto, tan delicioso, tan jugoso, es La Tierra. No cabe duda que aquí se concentra la mayor parte de la espiritualidad en ésta parte del cosmos. Verás, ustedes no son únicos, son parte de una cadena, en otros lados, en otros universos, hay más materia espiritual. Todo ciclo tiende a terminar. Nada es eterno. Es por eso que las almas se ven obligadas a vagar por el espacio. El alma es energía. Ahora, imagina que La Tierra como tal está podrida por dentro ¿qué harías tú?

Hugo permaneció en silencio. Su mirada sólo se concentró en la fruta. Estaba demasiado confundido para pensar en algo coherente.

– Mañana Naveda, mañana tú mismo traicionarás la labor de tu antecesor. Mañana tu serás la clave para liberarlo. Tú tienes en la sangre la esencia remanente que podrá liberarlo.

Dicho ésto, lanzó un golpe que noqueó a Hugo.

Al despertar, todo era borroso, confuso. Al volver en sí, se encontraba ataviado con una extraña túnica de seda roja. Su cabeza estaba rapada. Al verse en un espejo, se percató que en el cráneo se hallaba la figura de una serpiente. Nunca la había visto. Jamás se había percatado de tener una cicatriz de ésa forma.

En ése instante, la puerta se abrió. Éra Astaroth, El Duque.

– Es hora Naveda. Tu destino te espera.

– ¿A qué te refieres? Yo no soy Naveda ¿no lo entienden? ¡No lo soy!

El demonio se acercó hacía él.

– Hace muchos años, tu pariente negaba su destino. Era cobarde como tu. Hasta me atrevo a pensar que la casualidad estuvo de su lado cuando disparó hacía el pebetero donde se encontraba nuestro hermano. Sólo con él estaremos juntos para poder liberar el último sello y poder desatar nuestro poder. Por fin, Los Siete Generales del Infierno podremos dirigir el destino del mundo.

– ¿Te refieres a mi abuelo?

Astaroth dió media vuelta.

– Es hora de partir Naveda. Es demasiado tarde para explicaciones. Mi hermano espera su libertad y nuestra impaciencia aflora, tú decides si cooperas por las buenas o asistes por las malas.

Hugo siguió al demonio por un pasaje obscuro.

Llegaron a un salón iluminado por seis antorchas, bajo las cuales se encontraban sentados los demonios. Astaroth tomó su lugar. Lucifer se levantó de su asiento.

– Hace muchos años, tú nos quitaste la posibilidad de gobernar La Tierra. Ahora, en ésta fecha, tú mismo nos devolverás ese derecho.

En ése momento, la serpiente en la cabeza de Hugo empezó a arder. Los ojos de Hugo empezaron a arder. Estaba siendo poseído por los espíritus. Lucifer se volvió a sentar. Los seis demonios cerraron sus ojos e inclinaron sus cabezas. Al centro, la figura de una serpiente idéntica a la que se encontraba en la cabeza de Hugo comenzó a arder. Avanzó hacía ella, sin que el fuego afectara su forma física.

Los demonios empezaron el rezo.

Dies irae, dies illa. Solvet Saeclum in favilla. Teste Satan cum sibylla. Quantos tremor est futurus. Quando Vindex est venturus. Cuncta stricte discussurus. Dies irae, dies illa!!

La serpiente ardió con un color verdoso. La atmósfera empezó a llenarse de azúfre. En ése momento, la voz de Abigor emanó de la serpiente ardiente.

– ¡SI! ¡POR FIN!

En ese momento, la cabeza de Balaam rodó hacía el centro de la sala. El fuego en el suelo comenzó a hacerse menos denso.

– ¡NO! ¡DETENGANLOS! – gritó Abigor.

Urielle con su espada había hecho un tajo perfecto sobre la forma humana de Balaam.

– ¡Rápido! ¡Destruyan la llave antes que se complete el ritual!

En ése momento, la luna empezó a tornarse de color rojo, como si fuera un eclipse. Avanzaba lentamente conforme llegaba el día 6 del mes 6 del 2006.

– ¡Rodeénlo! – gritó a su vez Lucifer, y los 5 demonios restantes hicieron una formación alrededor del todavía poseído Hugo. Éste a su vez, bajó el rostro y miró a Zadkielle, lanzándole una descarga de pura energía maligna, reduciendo su forma física a un montón de huesos quemantes.

– ¡JAJA! ¡AHORA EL JUEGO ESTÁ PAREJO! ¡AUNQUE YA SABEMOS EL DESENLACE! ¡ESTÁ ESCRITO! ¡JAJAJAJA! -gritó Abigor mediante la forma humana de Hugo.

En ese momento, apareció Michelle entre las tinieblas. Su mirada se limitó a ver los restos de Zadkielle. Luego miró a los demonios restantes.

– Tal parece que van avanzados ¿o no?

– Falta poco, muy poco – dijo Astaroth

– Malditos bastardos -musitó Michelle – ¡Destrocen a esos hijos de puta!

La batalla se tornó épica. Ángeles y demonios combatían uno a uno. No se veía un bando ganador.

– ¡BASTA! – gritó Abigor y de la forma humana de Hugo emanó una esfera de poder que absorbió a los ángeles, reduciéndo su forma humana a cenizas.

Los demonios gritaron. Las risas eran demasiado estruendosas.

– ¡El ciclo está a punto de cumplirse! – gritó Lucifer – ¡Rápido! ¡A sus lugares!

La luna estaba a un cuarto de completarse. El cuerpo de Hugo comenzó a brillar. Un tono verde invadió el cuarto y éste a su vez se llenó de humo.

La espada de Gabrielle partió el cuerpo de Hugo por la mitad. De éste emanó el cúmulo de energía alrededor del salón.

– ¡NOOO! – gritó Abigor – ¡Maldita seas! ¡Maldita!

Los gritos se perdieron en la nada. El fuego se desvaneció.

– Ésta era una buena oportunidad ¿sabías eso? ¿¡LO SABÍAS?! – pronunció Lucifer, mientras que los restantes empuñaban sus armas. – Lo mínimo que podríamos hacer ahorita contigo, sería cortarte en pedacitos, pero queremos disfrutarlo, como los buenos vinos.

– ¡SII! – gritaron al unísono los demonios.

Gabrielle se mantuvo firme. Serena. Mirando alrededor. Esbozó una sonrisa.

– Idiotas. Siempre han creído que van ganando. – Alzando la mirada, gritó: !CAELITES ÊRUPTIÔNIS¡ y su cuerpo empezó a brillar como el Sol. Empezó a emanar un fuego celestial que rápidamente quemó todo alrededor. – “Prometí que te cuidaría” – dijo mientras su forma humana se desintegraba junto con todo el edificio.

* * * * *

Las almas no se destruyen. El alma de Hugo se liberó gracias a Gabrielle, y vagará por el universo esperando reencarnar. La maldad casi consiguió su objetivo. Estuvo cerca. El Armagedón, la Batalla Final esperará para una mejor ocasión. Lo que Hugo no sabe, es que mientras su alma se encuentre vagando, Gabrielle siempre estará velando sus armas para protegerlo para cuando ese día llegue.

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