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Ángeles en el infierno (Parte 3)

“Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ‘¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?’ Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo”

Apocalipsis, C. 5, V. 2-4


De repente todo se convulsionó dentro del camión-celda que conducía a Hugo hacia la Penitenciaría de Madrid. Las balas se incrustaban en el blindaje del contenedor. Los policías llamaban a los refuerzos por radio, pero era inútil. La forma humana de los demonios era invulnerable a las balas.

– ¡JAJAJA! ¡Pereced, hijos de puta! -decía lascivamente Belial, uno de los 7 Generales Infernales, mientras disparaba a bocajarro contra uno de los oficiales, destrozándole el rostro.

– ¡Dejad algo para mi, que también tengo hambre! -le dijo Andrameleck mientras exprimía el cuello de otro policía, haciéndo que la presión hiciera estallar la cabeza.

– ¡Hay que capturar la llave, no hay que perder el tiempo! -dijo con voz imponente Leviatán.

Mientras en el interior camión-celda, Hugo se escondió debajo de uno de los asientos. –¡Carajo! ¡Qué mierda pasa afuera! -pensó mientras se agazapaba. En ese momento, una serie de golpes secos se oyeron en la puerta. En el exterior, Abaddón El Destructor rompía a golpes la puerta blindada del contenedor. –¡Carajo! ¡Carajo! -pensó Hugo mientras unas leves lágrimas escurrían de sus ojos.

Un silbido empezó de menos a más, como cayendo del cielo. Gabrielle logró dar un golpe a la forma humana de Abaddón y dejarlo momentáneamente fuera de combate . Enseguida aparecieron Zadkielle, Urielle y Raphaelle -todos en forma femenina.

– ¡ESPADAS! -gritó imponente Lucifer.  Enseguida, aparecieron en sus manos unos sables de fuego que eran capaces de cortar a cualquier enemigo. -Hace mucho tiempo Michelle.

– Si, Lucifer, hace mucho tiempo… -respondió Michelle -¡Gabrielle, rápido, vé por la llave!

– ¡NO! ¡A ELLAS! -diciéndo ésto, demonios y ángeles se enfrascaron en una cruenta batalla. Gabrielle, mientras tanto, iba hacia el camión-celda, cuando de repente apareció Abaddón.

– ¿A dónde, preciosa? -dicho ésto, lanzó un golpe devastador sobre la humanidad de Gabrielle, dejándola bajo tierra. -No eras tan fuerte después de todo ¿verdad?

Abaddón se dirigió hacia el contenedor, y con un sólido golpe final logró derribar la puerta. La forma humana de Abaddón sorprendió sobremanera a Hugo, quien no podía creer lo que estaba ocurriendo.

– ¡Bien, bien, bien! ¿Qué tenemos aquí? Tenemos asuntos pendientes Naveda ¡Jajajajaja!

¿Naveda? -se dijo así mismo Hugo.

De repente, el suelo empezó a retumbar, y como una centella salió Gabrielle de la tierra.

– ¿Es todo lo que tienes? ¿Y así te dicen El Destructor?

Abaddón se lanzó con toda la carga, pero Gabrielle lo detuvo con un golpe seco, lanzándolo en forma vertical. Se hincó, y su forma humana empezó a brillar. De su espada empezó a emanar un resplandor que cegaba. Alzó el rostro hacia donde estaba Abaddón y sus ojos eran de fuego. Tomó impulso.

– ¡CAELITES ICTUM! -y diciéndo ésto concentró toda su fuerza en la espada, alcanzando el corazón de la forma humana de Abaddón, logrando destruir el cuerpo.

Mientras ésto sucedía, Michelle y Lucifer mantenían una acérrima batalla.

– Quieres la llave ¿verdad? ¡Primero tendrás que pasar sobre mí!

– ¡Estúpido ángel! ¡Siempre haz hablado demasiado!

– ¡Gabrielle! ¡No tenemos mucho tiempo!

Gabrielle tomó la espada y se dirigió hacia Hugo. Los ojos de éste estaban perdidos y llenos de lágrimas. Simplemente no podía creer lo que ocurría frente a él.

– ¿Q-qué pasa? ¿Qué ocurre? ¿Quienes son ustedes?

Gabrielle sólo lo observaba. Tomó su espada y la dirigió hacia la humanidad de Hugo.

– Es necesario destruir la llave.

– ¿Llave? ¿Cuál llave? ¿De qué carajo me hablas?

– Lo siento, debes ser destruído.

– No… Por favor… No puedes hablar en serio…

– ¡AESTUS INFERNO! – gritó Balaam

Un fuego ácido rodeó a Gabrielle, haciéndo explotar todo a su alrededor. Balaam tomó del cuello a Hugo y desapareció junto con él.

– ¡RETIRADA! -Gritó Lucifer. Enseguida los demonios restantes desaparecieron en medio de un gran fuego. La forma humana de Gabrielle quedó en el suelo. Sus ojos no miraban a ningún lado.

– ¡Mierda! ¡Hijos de puta! -dijo Michelle mientras daba un golpe hacía el asfalto.

Parte 1

Parte 2

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